jueves, 9 de febrero de 2017

el oráculo de Delfos


Durante siglos ha corrido una leyenda en forma de verdad histórica acerca del oráculo y el estado de la Pitonisa. En tiempos en que la época de la Grecia clásica se veía como un acérrimo paganismo al que había que ridiculizar, los escritores cristianos de los siglos III y IV, como Orígenes y San Juan Crisóstomo inventaron algo que a través de los siglos tuvo siempre mucho éxito. Lo describían así:

“El trípode de la Pitonisa o Pitia se hallaba sobre una grieta muy profunda de la roca. Por esa grieta emanaban unos gases tóxicos que hacían que la mujer entrara rápidamente en un estado de embriaguez y desesperación con grandes tiritonas, es decir, entraba en trance, desgreñada y arrojando espuma por la boca. Además, masticaba hojas de laurel, lo que ayudaba a alcanzar ese estado psicosomático”.

Yo no me fui a Delfos a preguntar a la Pitonisa, yo le pregunté al oráculo en “La Escuelita de las Palabras”, a mis Pitias: compañeras en eso de amasar palabras. Y le pregunté lo siguiente:
¿cómo acabará el noviazgo entre mi yo y lo mío?
y el oráculo me contestó lo siguiente:

Veloz milagro.

Tiemblan flores con murallas,

celebran pequeñas sombras,

cantan tormentas amargas.

Fulgor de fruta oscura,

perdona sin sabor.

El extraño incendio, enciende lujuria.

Amargos recuerdos brillantes escapan libres.


Con esta respuesta por escrito, y dándome por respondida, me vine para casa interpretando lo que el oráculo me quiere decir. A pesar de lo obvio que resultan estos versos, que alimentan mi deseo, en concordancia con lo que yo espero que sea la relación entre mi yo y lo mío, he de confesar que me desconcierta la primera línea: “Veloz milagro”.

Dejaré reposar sobre un colchón de plumas la profecía a la espera de que desvele para mí su desnudo y generoso significado.




domingo, 8 de enero de 2017

la memoria releída


En la memoria esta escrita nuestra historia y podemos adentrarnos en ella para ponerla por escrito. Ya publiqué un post titulado “lugares, que estaban y quizás ya no estén” es fruto de este trabajo de plasmar la sustancia, contenida en el disco duro, para no olvidar.
En esta ocasión son tres, cuatro pinceladas de momentos retenidos. Tres o cuatro fotografías recuperadas de entre las hojas amarillentas de mi álbum. Memoria releída" compuesta por cuatro trozos extraídos de la mina que contienen información, fiable o no, veraz o inventada, empero mía, muy mía. Voces de mi blog de notas.

Yo me acuerdo

Yo me acuerdo del juego entre gorriones en mi terraza. Me acuerdo de que no conocía a la mayoría de las personas invitadas a mi primera boda, imagino que como le ocurriría a Lolita la hija de Lola Flores, y me acuerdo de su gloriosa e inmortal frase: “Si me queréis iros”. Me acuerdo de que mi abuela me llevaba todos los sábados al mercado y me compraba un regalo. Me acuerdo de vestirme de pirata y volver desnuda. Me acuerdo de la película de Frankenstein en blanco y negro y de las tres franjas de papel que le ponía mi padre al televisor para verlo en color. Me acuerdo del “vamos a la cama” y la carta de ajuste. Me acuerdo de Sor Ángela y de su regla de madera de cincuenta centímetros. Me acuerdo del Batallón Infantil desfilando detrás de las Mallorets. Me acuerdo del Teatro Pemán y del Cortijo de los Rosales y de colarnos por la reja del parque para escuchar Paco Gandía. Me acuerdo de las tiras de triquitraques y el olor a pólvora. Me acuerdo del tren Cádiz-Madrid que tardaba doce horas y se llama el Rápido. También me acuerdo de los compartimentos de sus vagones y que se podía bajar la ventanilla para decir adiós sacando la mano. Me acuerdo de Marchena Picuito y de Carlos el Legionario. Yo me acuerdo del lavadero, de los lebrillos y de las tinajas con agua fresquita. Me acuerdo de voz de Gloria Fuerte y su poesía sobre la paz: “si todos los políticos se hicieran pacifistas, vendría la paz”.

Olores, que nos trasportan la memoria

Mis enemigos no son los vientos ni las mareas. No son el inicio de un ensueño pelele, sino arrojarme a un paraíso de serpientes con siete cabezas. Es calcar el transcurrir de mi espiga sobre un cuero macerado por los olores del ayer: la acetona, la piel o la perica. Desabotonarme. Una necesidad de retirar el capuchón y volar hacia la presa que ceba mi reserva que permanece encadenada a estos olores. Una búsqueda para callar a la huidiza belleza de la rosa y encontrarme con el monarca de la frescura, al que el ruiseñor enamora con su copla y al que todas elevamos sueños.

Oronda retentiva

La memoria chisporrotea en una espinosa porfía de límites. Rechina un lamento de emanaciones. Un espantajo de olores, un aroma quimérico, una leyenda de esencias. Miasmas exasperadas, duras como botas que pisotean la efigie de los anhelos y las entrañas tiernas.

Paladares

La memoria contiene los sentimientos y mis apagadas vigas destilan al no recordar los sabores de lo remoto aun brillando alegres en el presente. Puedo sentir la rabia al recordar el daño sufrido entre la enredada madeja de la madrugada y el complicado laberinto del tiempo aun estando ahora a salvo. Las ramas de los árboles tocan los sollozantes cristales del paladar haciéndome gemir en el campo de los sabores perdidos. Un vértigo ante las posibilidades en la encrucijada de un almacén de piezas cósmicas, gusto y desazón. Pero es ahora, en el ahora, que los violines ya no agonizan por el vibrato de placer con sabor a papel de arroz haciendo saltar los cerrojos que encarcelaban mi resonancia de un aliño surgiendo en forma de suspiros, romos, metálicos, y no, no no, fríos no. Páramo para la música de esencias azules. Carmesí destilado en el fondo de la copa. Cabalgata de recuerdos llenos de personajes, extraordinarios de tan normales, normales de tan extraordinarios, por entre las calles de la Viña y los callejones del laurel. Hoy el sinuoso teatro de mi paladar se desarrolla en la orilla de una barroca rebeldía. Hoy soy la muñeca enamorada de la bailarina del sabor.



no importa si el tiempo dice la verdad o no, o es invención de mi deseo, pero no voy a olvidar mi historia. Continuará...


agradecimiento a la "escuelita de las palabras" y las personas que la suman!!!






jueves, 15 de diciembre de 2016

Ceniza

Ya tengo en mis manos la antología de microrrelato libre "Pluma, Tinta y Papel V".

Entre sus páginas va impreso un micro de mi autoría con el titulo "Ceniza"

Juan se asomó a la ventana para fumar el último cigarro y la ceniza se desplomó, titubeada por el aire que capitaneaba las ropas tendidas en las terrazas, a las que prestaba indeterminadas vidas. Aquellos último chicote y mirador eran sus únicos camaradas presentes mientras su sangre se publicaba por el alféizar y apresaba trizas de la ceniza que se precipitaba, dándole color, oráculo postrero, de lo que fue su vida.

La literatura debe ocupar un lugar privilegiado en nuestra vida. Escribir y leer, tanto monta. Se le atribuye a Woody Allen: "Nunca te acuestes con nadie que no tenga un libro en su mesita de noche"

martes, 6 de diciembre de 2016

lugares, que estaban y quizás ya no esten


http://estoespasionporcadiz.blogspot.com.es/
2014/06/las-azoteas-de-cadiz.html
Cada vez que paso por delante del número veinte de la calle La Rosa me brota la presencia de mis abuelos paternos y cientos de recuerdos de mis primeros años florecen atropelladamente como perlas blancas a través de mi melocotón. Evocaciones de mi abuelo Paco, del que heredamos las habilidades para el trabajo. Y de mi abuela María, que grises sus pelos y aunque no brillaban se adivinaba su bondad. Ella me llevaba los sábados a la plaza y siempre, siempre, siempre me compraba un regalo.

En el número veinte morábamos en familiar vecindad, recuerdo tener al menos cuatro o cinco abuelas más: la vecina Pepa, del segundo como nosotras, puerta con puerta, después de mi natural abuela, era mi favorita.

El número veinte de la calle La Rosa tenía y tiene una azotea con ancianos y canosos pretiles, pies para multitud de macetas: paleta de colores y abanico de olores, que la dividen en territorios comanches donde jugaba con mis hermanos en dilatadas y renovadas aventuras, en unas yo era de las bienhechoras, en otras me tocaba hacer de bellaca. Una azotea presidida por su lavadero, materia prima para la invención de nuestra fantasía. Es como si lo estuviese viendo ahora mismo: un techo de afligidas vigas de madera de las que se ahorcaban infinidad de trastos y en el centro pendía, reina de la situación, una gorda, triste y sola bombilla que lentamente prestaba su color amarillo tardío al girar la llave detrás de la puerta. Sobre uno de sus lienzos, cinco lebrillos como ruedas de carros, donde además de lavar la ropa rodándola por la maltratada tabla de pino con su jabón de sosa, tanto en verano como en invierno, nos frotaban a nosotras. Y formando junto a ellos una ele, bajo la única y desnuda ventana de la estancia por la que invadía el sol de la tarde, alineadas, cuatro enormes tinajas de fresca y transparente agua. Bajo sus tapas, de atormentada madera, se revelaban flotando una maraña de gusarapos, bastaba con apartarlos con el mismo jarrillo que llenabas para calmar la sed. Un recuerdo que me acalambra, de este pintoresquisimo espacio, es olor de morrocotudos gatos que se colaban, aún, no sé por dónde y sentir el húmedo aroma de lo animal me eriza el bello.

Del número veinte de la calle La Rosa solo conservo, a modo de reliquia, la llave que custodiaba la puerta de dos hojas de madera repintada de verde que amen de guardar el interior, aunque no impidiese entrar a los gatos, nos servía de escalinata para subirnos a la techumbre, atalaya mirador desde donde podíamos divisar un mar de cordeles con olas de ropas que en días de Levante pareciera que quisieran acariciar el esponjoso vientre de las nubes sobre el seductor tetris de vecinas azoteas que nos envolvían y asediaban.

En el número veinte de la calle La Rosa, va a hacer hoy 52 años, diez meses y 22 días, nací yo.


Escuelita de las Palabras, 2016/17 Cádiz
agradecimiento a mis compañeras y a Bea y Miguel por llevarnos de la mano!!!








jueves, 10 de noviembre de 2016

las personas pacientes y familiares, la voz en la enfermedad

Palacio de la Aljafería, Zaragoza
siglo XI por iniciativa de Al-Muqtadir
Mis conclusiones, de lo vivenciado y lo escuchado en el
I Congreso Pacientes y Familiares de Aragón no solo en las intervenciones sino también en las áreas comunes y en las conversaciones de sobremesa, con un tono de crítica constructiva que se percibía en el ambiente:

Que una de las premisas para que las personas sean el centro del sistema de salud es que se escuche la voz de las personas diagnosticadas y la de sus familiares. Y lo primero es que se permita que esas voces sean oídas y escuchadas. -la diferencia entre oír y escuchar estriba en que para oír no necesitamos prestar atención, mientras que para escuchar es regla primordial poner todo el empeño y el interés en la persona interlocutora.

Que el cáncer nos conduce a una lucha personal, una lucha familiar y una lucha social, el cáncer es una lucha por la vida y el reto es de todas las personas a una.

Que el cáncer es como una cinta de correr para la persona diagnosticada: no controlas la velocidad, no puedes parar, no puedes bajar. El camino es devolver a la persona diagnosticada su capacidad de controlar su enfermedad, de controlar su vida en la enfermedad.

Que los médicos de oncología tratan los tumores. Ahí estriba el error. Aún, gran parte de las personas profesionales de la oncológica no ven una persona enferma que les pide ayuda sino una patología a tratar. Las personas profesionales necesitan una formación continua y que dicha formación ha de ser financiada, entre otras, por el sistema. No solo de conocimientos médicos y científicos sino también psicoemocionales y de gestión de sus propias emociones.

Que la comunidad de Atención Primaria no está preparada y carece de información. Según la opinión de quienes se dedican a esta labor, desarrollando su labor médica, la comunicación con oncología es uno de sus retos y viceversa. Las personas en la enfermedad necesitan una continuidad asistencial y que todos equipos de profesionales que les atienden estén interconectados y compartan sus conocimientos y actuaciones en referencia a la persona que tratan. Estas personas necesitan disponibilidad de su equipo terapéutico, se dirijan a quien se dirijan, bien sea a su medica de cabecera, oncóloga u enfermería. Hay que poner el foco en que, medicina y enfermería, fuera del ámbito hospitalario, carecen de la información y formación necesaria para prestar atención a personas con complicaciones oncológicas.

Que no se comprende, por parte de las personas usuarias, el lenguaje médico ni el del sistema. La analfabetización no es solo de parte de las personas usuarias, que lo es también del sistema y sus profesionales que utilizan términos, pautas y conceptos ininteligibles para el resto de las personas. Además de que hay que tener en cuenta que las personas usuarias del sistema de salud, en muchos casos, no saben, ni tienen porque saber, utilizar las herramientas que se les ofrecen. Y, tampoco tienen tiempo.

Que el reto de la cronicidad en el cáncer necesita de aglutinar las capacidades de todas las partes en una sinergia que abra un escenario nuevo y de gran alcance para vivir una vida curada en pos de ser sanada. Dotando de autonomía a estas personas sobrevivientes y de valor sus vidas que, en muchos casos arrastran serias secuelas, ya sean por el cáncer y por los tratamientos o, por la situación social en que quedan tras la enfermedad.

Que en la actualidad disponemos de muchas organizaciones asistenciales y asistencialista. Empero, los retos de las personas sobrevivientes, que son o deben ser los retos de las demás personas, de la sociedad en su conjunto, necesitan que el acompañamiento, la información y la investigación que se brindan en el proceso de la enfermedad se prolonguen hacia ellas. Esto debe ser un compromiso y una responsabilidad de la comunidad médica-científica y la sociedad civil.
Que la atención oncológica en las personas jovenes necesita de ser repensada. En esta etapa de la vida aún existe un gran riesgo de vulnerabilidad debido a la edad temprana estas personas diagnosticadas. Estas personas se encuentran en una frontera asistencial. Queriendo referirse a que son tratadas en unidades para personas adultas con una filosofía y procedimientos para personas adultas y no lo son. Encajarían mejor, y sería su espacio adecuado, en las unidades pediátricas.

Que obviar que el 80% de las personas que padecen cualquier dolor o efectos secundarios, intratable desde la medicina convencional sin acudir a una farmacología que a su vez va a producir otros no deseables efectos secundarios, acuden a medicinas complementarias, es un craso error. Las personas cuando se enfrentan a situaciones de vulnerabilidad que atacan directamente a su integridad y salud, buscan alivio y consuelo. Nuestra labor aquí vendría a ser de recolectores de sapiencias, ciencias y técnicas para ser difusores de ellas, confortando y asesorando a las personas que lo necesitan. En mi opinión, debemos subirnos a un taburete para ver las cosas con otra perspectiva. Tememos lo que no conocemos. Cuando una persona acude a paliar los efectos nocivos de unos tratamientos, que sabemos empíricamente y demostrado científicamente, y desde quienes les acompañamos, abanderando la lucha contra la enfermedad, le intentamos velar la evidencia empírica y las opciones disponibles porque lo que nos cuentan o lo que hay nos da miedo, cometemos un “traspié” por omisión de ayuda, en contra de nuestra filosofía y eje transversal que es acompañar.

Que la incidencia política sea un input en la acción de las asociaciones de pacientes y familiares para que las políticas sobre salud sean, no gestoras y proveedoras de salud sino promotoras de la salud. Que la financiación de la investigación y la formación y que apostar por la atención personalizada a las personas, adecuada y en el momento justo sea prioridad de las administraciones y del conjunto de la sociedad. Y que la opinión de las personas pacientes, no como diana sino como arco y saeta para guiar las nuevas líneas de investigación sea escuchada como interlocutora valida, autoriza y legitima.

Por último, la sexualidad y la muerte, como dos puertas a la vida: una de entrada, otra de salida. Por una parte, que la sexualidad en la enfermedad ha de ser tenida en cuenta e impulsada en pos de la salud integral de la persona diagnosticada. Si creemos que la fuerza de la sexualidad no tiene cabida en la enfermedad nos equivocamos. En el silencio oscuro e infausto que brota en la afección y el desequilibrio, amarnos cogidos de las manos, amarnos con las palabras, amarnos con las miradas y las caricias, sintiéndonos con el abrazo, satisfaciendo y saciando la sed de piel…  nos trae un lenguaje musical, para nuestro ser, hacedor de azarosas proezas en favor de la vida. Las fuerzas que la sexualidad pone en movimiento forman parte de nuestra propia naturaleza, emergen de una batuta interior que conoce las notas del pentagrama y la coreografía de la danza para restablecer la salud. Y se escuchó para cerrar el congreso, que la medicalización de la muerte es un hecho en nuestras sociedades avanzadas. Que demasiadas personas mueren acompañadas de demasiados profesionales. Que la obstinación terapéutica es una práctica frecuente en nuestros hospitales y que es fruto del fracaso de la medicina que se obstina en curar cuando lo que nos queda es cuidar. Poner luz sobre la frase “Curar a veces, aliviar a menudo, consolar siempre.”

“la muerte está aquí para amar la vida”, no la pervirtamos con vetustos conceptos y erróneas prácticas.

martes, 8 de noviembre de 2016

Hipertención




Microrrelato publicado en la antología Porciones del alma III


Juan, nuestra relación no se entiende y eso la falsea y la pervierte (no sé si será por la diferencia de edad).  Muchas, son cómplices amordazadas de lo nuestro sin otear el quebranto en nosotros. Otras gritan ¡contranatura! esgrimiendo la espada de la moralidad –tramoyista beatones-. Nuestra relación, campo de zapatos perdidos, no está exenta de los misterios de la felicidad y el lujo de la tristeza. No es noche que es capa para pecadores, es mediodía que es capilla para justos. Mi cielo, aunque haya un arzobispo que crea que es alergia, lo nuestro es amor.

jueves, 3 de noviembre de 2016

la muerte, un insulto

Parroquia Ntra. Sra. de la Asunción, Palma del Río.
desde los restos del castillo almorávide.
La muerte es un insulto a la vida. Sin embargo, la conciencia del concepto muerte en nuestra mente genera infinitas posibilidades de vivir. Escribe Alejandro Jodorowsky “Condenados a aceptar una muerte inaceptable, hagamos de cada día una fiesta”. El miedo a morir nos pone en la antesala de la vida. Basta con atreverse a dar el paso y cruzar el umbral de una puerta a las infinitas posibilidades para disfrutar de cada instante sin proyectarnos a un incierto futuro ni relegarnos a un extinto pasado. “Después de todo la muerte es sólo un síntoma de que hubo vida” como nos dijo Mario Benedetti.

En esto, el alma que cree que es cuerpo esta atrapada por una subordinada mente errónea que cree que el cuerpo es todo. Una mente que nunca se torna loca por vivir. Recluida entre normas, juicios, credos, dogmas y mandatos… Sujeta a los designios de una impositiva voz de la secuestrada conciencia. No es un alma, que será otra cosa. El alma que esta libre de las ataduras del finito cuerpo es capaz de abrirse a desgarrarse con las destempladas garras del vivir: el amor, la amistad, la enfermedad, la belleza y la fealdad, la opción, la aceptación, la entrega, la perdida y la generosidad, … Cada paso que inicia, un comienzo. Cada tropiezo, una caída y un volver a levantarse. Cada vuelta a empezar, un nuevo génesis. Cada movimiento la alimenta y la hace crecer en el doctorado de la vida. Y, qué es la vida sino un camino y el camino se hace al andar, cómo nos cantaba Serrat.

También, podríamos decir que no tememos a la muerte sino a la vida. Igual que el mosquito acude a la luz de la bombilla y teme el contacto con ella porque se fundirá, nosotras tememos fundirnos con la vida, a pesar de sentir una irrefrenable atracción por vivir. Nos resistimos a vivir por miedo a perder la vida. Nos aferramos a no salir del capullo de nuestro espacio de confort como la crisálida antes de ser mariposa y volar. El temor a abrirnos y dejarnos caer en la vacuidad y vivir sin juicio, nos limita en la conexión con el amor, con el sumun del jugo de la vida, con la abundancia, con la prosperidad y el bien-estar. Aceptar el amor y el dolor, a la larga, es la única forma de vivir con integridad, decoro y responsabilidad. Añadir que, la vida es como la farmacia que si te excedes en la dosis te pones mala y si te quedas corta no surte efecto. No hay que forzar a la vida exprimiéndola sin control ni renunciar a tomarla. Gandhi decía que en la vida existe algo más importante que aumentar su velocidad. Cultivemos pues, a la luz de sus palabras, el culto a lo pausado y elogiemos a la lentitud y la mesura como forma de vida plena. "Adopta el paso de la naturaleza: su secreto es la paciencia", nos dijo el poeta Ralph Waldo. Afrontar la vida a cada paso con la dosis que somos capaces de asumir en cada momento, es fluir. Toda persona quiere vivir y vivir bien por encima de todo, porque el vivir es y será la verdadera necesidad del ser humano, y nadie parará hasta experimentar y sentir la vida en todo su esplendor. Porque, vivir no es una emoción, sino que es una forma de relacionarse con el mundo basada en reconocer sin proyectar ni exigir, lo cual comporta un estado especial de consciencia donde rige la armonía. Parafraseando a Platón: “Donde reina la vida, las leyes y la muerte sobran.”

Y para acabar, decir que, “jugar a veces, esperanzarse a menudo y confrontar siempre, es un canto a la existencia y la ausencia en el continuo vida muerte vida”.